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“Nuestra meta es que Valtravieso sea una de las bodegas de referencia de Ribera del Duero”

Hablamos con Ricardo Velasco, enólogo y director técnico de Valtravieso: el encargado de elaborar el vino de nuestra bodega es un apasionado del sector vitivinícola, al que llegó por casualidad pero también por pura vocación. Velasco, que es valenciano pero lleva 6 años en la Ribera del Duero, nos cuenta cómo es su día a día, cuáles son sus metas y cómo ve el pasado y el futuro de Valtravieso.

P: ¿Qué papel desempeñas en Valtravieso?

R: En mi tarjeta pone “Enólogo y Director Técnico” y realmente esa es mi función, pero también me gusta referirme a mí mismo como “Wine Maker”, como llaman los ingleses a mi puesto: soy el que se encarga de hacer el vino que refleja nuestro terroir.

P: ¿Cómo es tu día a día?

R: Es muy cambiante. Afortunadamente, no tengo dos días iguales: mi tarea principal es velar por el viñedo y la evolución de nuestros vinos en bodega, también trato mucho con viticultores, con proveedores de materiales que utilizamos, como las barricas, pero también tengo que realizar tareas burocráticas. Con respecto al proceso en bodega, cuando llega el momento del prensado, voy catando y decidiendo lo que vamos a descubar. Y los días de elaboración, por ejemplo, soy como un cocinero que va controlando cada cazuela, que en nuestro caso son los depósitos. En campaña empiezo a decidir las barricas que vamos a comprar o dónde vamos a trasegar cada lote y hasta que los vinos salen al mercado realizo catas semanales para ver la evolución de los vinos que tenemos en barricas o en los huevos de hormigón. También estamos inmersos en nuevos proyectos, lo que me hace viajar bastante. Ese dinamismo es lo que me gusta.

P: ¿Por qué el vino?

R: Fue una casualidad, un bonito azar y totalmente vocacional: mi familia no tiene relación con el sector vitivinícola. Pero a los 15 años, viendo un programa de vino (Entrevins) vi a un enólogo explicando su trabajo y pensé: “algún día quiero ser como él”. Y dicho y hecho: empecé a formarme en agricultura porque era la vía más rápida para acceder a la enología. Todo lo demás fue saliendo solo: en un viaje en la carrera a Burdeos me enamoré y dije: “yo quiero estudiar aquí”. Y al año siguiente estaba estudiando en la ciudad francesa.

Me siento muy afortunado y agradecido por haber podido convertir mi pasión en mi trabajo. El vino me lo ha dado todo.

P: ¿Qué hace un valenciano en la Ribera del Duero?

R: En mi última etapa en Burdeos estaba pensando en irme a Australia a hacer otra vendimia, pero Valtravieso se cruzó en mi camino: en la ciudad francesa coincidí con una persona del equipo de Michel Rolland (un reconocido enólogo francés) que asesoraba también a Valtravieso. Me dijo que estaban buscando un enólogo para la bodega y todo fue muy rápido: tras conocer a Pablo González Beteré, Consejero Delegado, decidieron contar conmigo. Fue un reto: llegué muy joven a la bodega y ya tenía que dirigir a dos equipos, el de campo y el de bodega.

P: ¿Cómo han sido estos casi 6 años en Valtravieso?

R: Han sido años de autoanálisis, en los que hemos estudiado en profundidad lo que somos y lo que tenemos en la finca para conseguir lo mejor, siempre respetando nuestra historia y nuestro pasado.

En Valtravieso, por la altitud a la que se encuentran nuestros viñedos (unos 915 metros), no hacemos vinos muy estructurados, potentes o pesados. Queremos hacer vinos profundos, largos pero frescos y finos, que sean elegantes, en los que la sensación de longitud la aporten los aromas y el retrogusto en boca más que la sensación táctil del tanino que se te queda demasiado agarrado en boca.

Siento que vamos mejorando año tras año la calidad del vino y la percepción del consumidor. Y lo estamos consiguiendo porque la propiedad está haciendo un gran esfuerzo: nos deja hacer y nos permite crecer. Veo que nuestro trabajo se ve recompensado.

P: ¿Qué es lo que más te ilusiona ahora mismo?

R: Por un lado, conseguir nuestro principal objetivo: posicionar a Valtravieso como una de las bodegas de referencia de Ribera del Duero. Para ello, estamos centrados en nuestro estandarte, que es el Crianza, un vino con un estilo diferenciado y de alta calidad que mantenemos año tras año a través de la optimización de nuestras plantaciones y de la relación y confianza con los viticultores. Y en 2020 lanzaremos Gran Valtravieso.

Y por otro lado me ilusionan especialmente los nuevos proyectos: estamos haciendo ensayos con la variedad albillo, con bobal o con monastrell.

P: Gran Valtravieso será vuestra principal apuesta para 2020. ¿Cómo será este vino?

R: Gran Valtravieso es nuestro buque insignia: es un vino de terroir que hacemos con uvas de nuestra finca que proceden en gran parte de viñedo viejo en vaso y que pasa tres años en bodega y uno más reposando y redondeándose en botella. Es un vino de páramo calizo, que es nuestra esencia, con un toque fresco que proviene de las vetas arcillosas del terreno. No lo elaboramos todos los años, sólo cuando las condiciones de la cosecha son excelentes, el último fue el de 1995.

Hacer vino es fácil: echas uva en un depósito y al cabo de unos días tienes vino. Hacer un buen vino es un poco más difícil: tienes que tener en cuenta temperaturas y procesos. Lo realmente difícil es hacer el gran vino. Aparte de todo lo anterior, tienes que conocer a la perfección tu terroir y controlar minuciosamente tu viñedo para obtener la mejor calidad de tus uvas. Por eso en 2020 recuperaremos la referencia Gran Valtravieso, que se obtendrá de la vendimia de 2016, porque estamos convencidos de que empezamos a comprender y expresar nuestro Gran vino.

2019-11-27T13:58:13+00:00

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