El ingeniero agrónomo Joan Àngel Lliberia es nuestro invitado en la sección “Amigos del Club Catalia” con su proyecto Edetària, ubicado en Gandesa, Tarragona, por su compromiso con el territorio y su identidad propia. Apuesta todo a las garnachas, con 70 hectáreas de viñedos propios, que en su mayoría plantaron su abuelo y su padre. Desde hace 25 años, elabora vinos con pasión en pequeñas producciones que cuentan grandes historias.
Desde el Club Catalia queremos que descubras vinos insólitos, porque sabemos que buscas cosas diferentes. Este mes, nuestra bodega invitada es Edetària, un proyecto creado por Joan Àngel Lliberia.
En un momento en el que el vino parece debatirse entre la globalización y la identidad, hay proyectos que avanzan en dirección contraria: hacia el origen. Así ocurre con Valtravieso y Edetària, dos bodegas separadas por 500 kilómetros, pero profundamente unidas por una misma forma de entender el vino.
Desde el páramo calcáreo de la Ribera del Duero vallisoletana hasta los suelos de panal y arcilla de la Terra Alta tarraconense, ambos proyectos nacen de una convicción compartida: el vino no se construye, se interpreta.
En Valtravieso, la altitud, los suelos pobres y el carácter extremo del clima definen vinos que hablan con precisión de su paisaje. En Edetària, esa misma idea se traduce en una viticultura que busca “la máxima expresión del terroir”, donde cada parcela y cada suelo dictan el estilo del vino.
Ambos proyectos reflejan una mirada honesta que entiende la tierra como el verdadero protagonista del vino, por tanto, esta colaboración en el Club Catalia es un diálogo natural entre dos sensibilidades afines. Dos formas de mirar el viñedo, desde Castilla y desde el Mediterráneo catalán, que confluyen en una misma idea: que los grandes vinos no solo se beben, se comprenden.
La historia de Edetària
En honor al poblado de los íberos edetanos, surgió el nombre de Edetària. Joan nos cuenta que en su comarca, la Terra Alta, está el trujal más antiguo que hay en Cataluña, datado del siglo III a.C. Y que ya en la Antigua Roma se hablaba de los vinos de Tarraco.
Es hijo de agricultores, pero además su abuelo paterno estudió Enología en Requena nada más terminar la Guerra Civil. Fue un pionero en esta zona, en la que ahora no hay más de 12.000 habitantes. Él siguió su estela.
“Por la falta de autoestima que sufren las zonas de interior, parece que un hijo único como yo tiene que ser abogado o médico. En ese momento la viña no me interesaba, pero estudié para ser ingeniero agrónomo. Después cursé un Máster Internacional de Economía y Marketing del mundo del vino, fui la primera promoción de la OIV”, nos explica.
Después se fue a “hacer las Europas”: Italia, La Rioja y Francia. Estuvo formándose en la zona de Burdeos, Cognac, Borgoña y París. Y hace algo más de dos décadas volvió a casa para emprender Edetària en el municipio tarraconense de Gandesa. Aquí tienen 70 hectáreas de viñedo propio con el que elaboran sus vinos, unas 250.000 botellas al año.
El relevo familiar y el equipo de Edetària
Su hijo Oriol, que ahora tiene 27 años, ha seguido sus pasos: terminó Económicas, hizo un Máster en Viticultura y Enología en la Universidad Politécnica de Madrid, se fue a Australia y a la Borgoña y, hace dos años, se ha incorporado a Edetària para continuar con el legado familiar. Ahora, como Director Comercial. Luis Otero es el enólogo y director técnico de bodega.
Vinos mediterráneos con identidad propia
“No estamos en el mundo del gran consumo, nosotros elaboramos vinos mediterráneos de variedades autóctonas en cultivo ecológico, intentando siempre reflejar la autenticidad de nuestros terruños”, resume Joan.
“Un vino mediterráneo tiene que estar orgulloso de serlo. La garnacha blanca nos permite elaborar vinos auténticos con esta identidad, por tanto el grado es la columna vertebral de nuestros vinos, y por descontado con un buen equilibrio con la acidez, gracias a las viñas viejas y a la viticultura de precisión, obtenemos vinos singulares, con cuerpo, salinos, sápidos y gastronómicos”.
Los viñedos, ya viejos, que plantaron su abuelo o su padre le permiten trabajar con bajas producciones pero con vendimias muy precisas y tardías. En bodega, intentan no maquillar el resultado, preservando su esencia. Ahora están trabajando no sólo con barricas de 500 litros, sino también con foudres de 600 hasta 3.000 litros, con ánforas de gres y tintos de cemento.

Frescor, salinidad y viticultura de precisión
Abrir una botella de sus vinos es sinónimo de un frescor inusitado para una zona mediterránea, debido a la viticultura de precisión que practican. “La manera en la que trabajamos es casi orfebrería”, justifica.
Sus referencias despliegan un abanico de aromas varietales y de sotobosque mediterráneo. La salinidad es otra de sus principales características.
“Hay dos vientos que afectan a nuestra zona: el cierzo, que viene de Aragón y que lo seca todo, pero que nos entra muy canalizado. Y durante la maduración de la uva nos llega el viento de mar que es el garbí o la marinada, ya que estamos a 40 kilómetros del Mediterráneo en línea recta. Es un viento húmedo y por eso las hojas captan un toque muy particular que luego se identifica en todos nuestros vinos”.
Las características de su comarca, la Terra Alta
En su comarca, la Terra Alta, hay 1.700 hectáreas cultivadas de garnacha blanca, “un tercio de toda la garnacha blanca que hay en el mundo”, reflexiona Joan. Para él, es una variedad mediterránea.
“La piel de esta uva es muy gruesa, retiene muy bien el agua, por eso cuando mi abuelo exprimía esa garnacha blanca hacía vinos rancios porque se oxidaban, tienen tanino”.
La garnacha blanca de esos viñedos antiguos tiene otra peculiaridad que tienen grandes Riesling de Alsacia: sabores petrolados, a gasolina, a hidrocarburo, toques a piedra de fuego. “A ciegas podrías llegar a pensar que es un Riesling en nariz, pero no en boca. La garnacha es más estructurada”.
Los suyos son vinos complejos, con gran reconocimiento en el sector. “Con la tercera añada que elaboramos en 2005, la Guía Peñín nos eligió como Mejor vino de España junto a Pazo de Señorans”, explica Joan, orgulloso.
La influencia del río Ebro en los vinos de Edetària
¿Cómo les influye el río Ebro? “El origen de todos nuestros suelos ha estado influenciado por las montañas calizas que nos rodean y por la influencia de parte del Valle del Ebro, con materiales de deposición y vientos. Actualmente el Ebro nos ayuda a superar las sequías extremas que estamos viviendo, gracias a una pequeña dotación de agua que tenemos y a su uso para conseguir las maduraciones óptimas”.
La gran apuesta de futuro que tienen, en palabras de Joan, es que están en el valle del Ebro y van a continuar haciendo vinos de futuro.
Los vinos de Edetària elegidos para el Club Catalia
Edetària Selecció Blanc
Edetària Selecció Blanc es su vino más emblemático: las ocho parcelas que tienen más de 60 años están plantadas en un suelo que tradicionalmente se llama panal, una duna fósil del cuaternario generada tras movimientos de gran cantidad de arenas y limos después de un periodo glacial.
Este panal tiene suelos muy blandos, fáciles de cultivar y muy profundos, con hasta 9 metros donde percola rápidamente el agua y se queda estancada en la roca madre.
“Este vino, a pesar de ser blanco, tiene 13,5 o 14 grados, pero tiene acidez, cuerpo y salinidad, con una textura en boca muy particular”, expresa Joan.
“Un vino elaborado con garnacha de 11 ó 12 grados no es una garnacha, eso es una infusión de uva. La garnacha blanca tiene que tener 13 grados como mínimo”, reflexiona.
Además, Edetària Selecció Blanc 2005 fue reconocido como Mejor Vino Blanco de España por la Guía Peñín.
Edetària MiraGe
La segunda elección para el Club Catalia fue Edetària MiraGe, que lanzaron hace tres años: “es un vino de casualidad, porque está hecho con una variedad minoritaria que es la garnacha peluda”.
Cuando Joan comenzó a elaborar vinos, hace 25 años, en Cataluña quedaban solamente 89 hectáreas de garnacha peluda. Ahora hay unas 200. Él tenía 7 y ahora 10.
“La garnacha peluda madura irregularmente, produce mucho alcohol, tiene poco color… todo aquello que un enólogo no quiere”. El reverso de la hoja de esta variedad de garnacha tiene vello, que evita las pérdidas de agua en verano.
“Empecé dejando las uvas que tenían la mejor maduración hasta que estaban las viñas muy equilibradas y entonces empecé a vendimiar estas uvas más rojizas que no llegarían a un punto de maduración óptimo, por eso es un vino de casualidad”.
Joan la vendimia con 13 grados y, “para dominar ese salvajismo, la meto en depósitos de hormigón y le incorporo las lías de la garnacha blanca, que suavizan su acidez”.
MiraGe es un vino fresco, salino, de gran cremosidad en boca, muy gastronómico. “Es un tinto para beber en verano fresco, con una estructura que otros vinos no tienen”.
