Octubre siempre había sido sinónimo de vendimia en Valtravieso. Sin embargo, este año llegamos al mes con toda la uva recogida y con la extraña sensación de haber vivido antes de tiempo el momento más esperado del calendario. La cosecha terminó el 26 de septiembre, la fecha más temprana de nuestra historia, dejando tras de sí un octubre diferente: más silencioso en el viñedo, pero no menos intenso.
Durante los primeros días terminamos las últimas vinificaciones y seguimos de cerca la evolución de los nuevos vinos. Después del ritmo frenético de la vendimia, la bodega entra en una etapa aparentemente más tranquila, marcada por las catas, el seguimiento de cada depósito y las decisiones que comienzan a definir el carácter de la añada.
Mientras tanto, el viñedo cambia de color. Las hojas pierden su verde intenso y el páramo recupera los tonos ocres y dorados del otoño. La planta continúa trabajando en silencio, acumulando reservas antes del reposo invernal. Termina un ciclo y comienza otro periodo de observación y preparación.
Esta nueva calma nos ha permitido volver a la carretera y dedicar tiempo a aquello que da sentido al vino: compartirlo. Nuestra ruta nacional comenzó en Valencia, donde visitamos Haku, una cuidada propuesta de cocina japonesa, y acompañamos la inauguración del nuevo local de moda en la ciudad levantina, Muro Club, brindando con una copa de Nogara.
Muy cerca, en Alboraya, visitamos Sequer lo Blanch, un espacio especialmente interesante para los amantes del champán, donde puede disfrutarse Alexandre Bonnet, una Maison con la que colaboramos desde hace algo más de un año. Ricardo aprovechó el regreso a su tierra natal para dirigir en Moments una cata sencilla y especialmente emotiva. Rodeado de vecinos, amigos y muchas caras conocidas, compartió vinos, recuerdos y conversación en uno de esos encuentros que nos recuerdan que la cultura del vino nace precisamente de reunirnos alrededor de una mesa.
Octubre también ha marcado el regreso a las ferias y los encuentros profesionales. En Vélez-Málaga participamos en La Barra, una jornada organizada por nuestro colaborador en la zona para reunir a profesionales de la hostelería, productores y marcas alrededor de la gastronomía. En Barcelona acudimos a la feria de Idyllica, una cita consolidada para reencontrarnos con profesionales y aficionados, y recorrimos Córdoba visitando algunos de sus restaurantes más representativos. La ruta continuó en Donostia con Kopaka, donde más de 80 bodegas se dieron cita en un nuevo espacio vinculado al Basque Culinary Center.
El mes también nos llevó hasta Tenerife, donde compartimos varios días con nuestros colaboradores y comprobamos el gran trabajo que están realizando para seguir acercando Valtravieso a las islas. Quienes tengan previsto viajar hasta allí pueden encontrarnos en los restaurantes de Venture Hospitality Group, que reúne más de veinte espacios y propuestas gastronómicas con identidad propia. Una copa de Valtravieso Crianza puede ser un buen punto de partida para descubrirlos.
Mientras el equipo comercial recorría el mercado nacional, la bodega se convirtió en un auténtico punto de encuentro internacional. Recibimos a dos miembros de nuestro colaborador en Puerto Rico que conocimos durante una masterclass en el país y decidieron incluir Valtravieso en su viaje por Ribera del Duero y Rioja.
También nos visitó nuestro importador en Honduras, quien recorrió el viñedo y la bodega para profundizar en el carácter diferencial del proyecto. Recibimos además a nuestro importador en Florida, acompañado por su equipo comercial y varios clientes de restauración. Fue una oportunidad para mostrarles el origen de los vinos con los que trabajan y compartir las claves de nuestra identidad: altitud, suelos calizos, trazabilidad y una interpretación precisa de cada territorio.
A mediados de mes llegaron nuestros socios en Hong Kong. Su estancia comenzó con una cena junto a nuestro CEO, Pablo González Beteré, en La Lonja del Mar y continuó con una visita a la bodega. Aprovechamos para mostrarles una ruta gastronómica por algunos de los restaurantes más destacados de Madrid. Pocos días después regresaron nuestros socios suizos, esta vez acompañados por un grupo de restauradores. Recibirlos en la finca nos permite ir más allá de una presentación comercial: pueden pisar el páramo, comprender sus condiciones extremas y descubrir el origen de aquello que después compartirán con sus clientes.
Pero octubre no solo ha traído el mundo hasta Valtravieso. También nosotros hemos salido a su encuentro. Bélgica concentró buena parte de nuestra actividad, comenzando con las jornadas de puertas abiertas de Wijnhuis De Decker, donde Ricardo presentó Viñedos Olvidados, uno de nuestros proyectos más especiales. La ruta continuó en Ypres, compartiendo Nogara, Valtravieso Crianza y Valtravieso Vino de Finca, y terminó en la degustación de otoño de Plaque & Muselet, donde presentamos nuestra gama completa.
La última semana del mes nos llevó a Reino Unido. Junto a nuestro importador participamos en el roadshow de la Junta de Castilla y León por Londres y Manchester, presentando nuestros vinos de Valtravieso y el proyecto de recuperación de viñedos viejos en la D.O. Arlanza. La agenda se completó con dos catas maridadas en Londres, celebradas en el restaurante Babur y en el wine bar Oak N4.
Suiza también ocupó un lugar especial. Pablo González Beteré participó en la celebración del 50.º aniversario de uno de nuestros importadores allí, una trayectoria de la que nos sentimos orgullosos de formar parte como miembros de su familia de bodegas y proveedores.
Así ha transcurrido este octubre atípico. Sin uvas entrando en bodega, pero con los nuevos vinos comenzando a definir la añada. Sin el ruido de la vendimia, pero con numerosos encuentros, viajes y conversaciones. Porque la calma después de la cosecha no significa detenerse, sino recuperar la mirada y seguir defendiendo algo tan sencillo y profundamente humano como compartir una copa de vino.
El mes de octubre ha sido históricamente un mes de vendimia en Ribera del Duero, pero la actual circunstancia climática ha alterado esta realidad, seguramente de una forma permanente.
Que remotas nos parecen esas vendimias de no hace tanto tiempo en las que la fecha señalada era el puente del Pilar. La fiesta nacional permitía a multitud de viticultores disponer de sus familias y allegados para recoger el deseado fruto. “Mano de obra buena y barata”, era el chascarrillo.
Y este año la cosecha ha llegado como una exhalación. La recolección más temprana de la historia de Valtravieso. Y empezamos a darnos cuenta, con cierta nostalgia, de cómo estos cambios de clima nos están cambiando, valga la redundancia. Y no solo vemos cambios en las condiciones meteorológicas, porque con fiesta o sin fiesta, lo cierto es que cada vez se ven menos familias en los austeros campos castellanos.
Así ha sido el mes de octubre. Un octubre raro, en el que no hemos metido ni un solo kilo de uva en bodega porque la vendimia terminó el 26 de septiembre. Terminando las vinificaciones a primeros de mes y con tiempo para viajar a otros mercados y reflexionar. No desde la melancolía que paraliza sino desde el anhelo que espolea. La viña es cambio. El sector del vino es resiliente. La vida avanza. Y tenemos que dejar de analizar y empezar a ejecutar.
En un momento en el que el progreso y la tecnología nos esta alienando cada vez más nuestras vidas, veo cada vez más necesario hacer “proselitismo” de la cultura del vino. Me cuesta encontrar algo más humano que compartir una copa de vino.
DICCIONARIO VALTRAVIESO
Senescencia
Después de la vendimia, la actividad de la vid no termina de forma inmediata. Durante el otoño, las hojas comienzan a perder su color verde y adoptan tonalidades amarillas, ocres y rojizas. Este proceso natural de envejecimiento se conoce como senescencia.
Antes de que las hojas caigan, la planta recupera parte de los nutrientes que contienen y los almacena en el tronco, los brazos y las raíces. Estas reservas serán fundamentales para afrontar el invierno y alimentar la brotación de la primavera siguiente.
La senescencia marca, por tanto, la última etapa visible del ciclo vegetativo. El viñedo parece apagarse, pero en realidad se está preparando para volver a empezar. Una pausa necesaria en la que la planta conserva la energía que dará origen a una nueva añada.