Desde hace unos años, Valtravieso decidió ir más allá de la Ribera del Duero, su hogar primigenio, para adentrarse en otras denominaciones de origen como la D.O. Arlanza. Allí, Esaú Suárez, viticultor y bodeguero de Viñedos de Altura de Valtravieso, está contribuyendo a construir uno de los pilares sobre los que se asienta la filosofía de Viñedos Olvidados de Valtravieso: la recuperación de viñedos abandonados. Hemos hablado con él para que nos actualice cómo va el proyecto del que nacen los vinos Muniadona, Las Mamblas y Cerro Cerezo

Esaú, ¿cómo va todo por Arlanza?

“Esta primavera, por la climatología, vamos más retrasados que el año pasado. Estamos empezando ahora a tener brotaciones, pero aún no generalizadas. Este invierno ha habido mucha lluvia y mucho frío, pocas horas de sol… Ahora en primavera todo se empieza a despertar y con tanta agua hay mucha hierba, biodiversidad y pájaros, ¡está precioso!”

¿En qué consiste tu labor aquí?

“Estamos recuperando parcelas antiguas con variedades locales que plantaron hace muchos años. Las trabajamos a mimo porque muchas no se pueden mecanizar. Yo llevo tres años trabajando estas parcelas y se nota que ya van dando resultado”.

¿Cómo llegaste a Arlanza?

“¡De casualidad! Quería salir de El Hierro, la isla en la que nací, porque se me hizo pequeño: quería rodearme de gente que tuviera inquietudes como yo. Conocí a Ricardo Velasco, enólogo y director técnico de Valtravieso, por un amigo común. Fui a hacer la vendimia a la Ribera del Duero y después me enseñó Arlanza. Cuando vi los viñedos, el tipo de viticultura y su biodiversidad me enamoré. Poco a poco fui descubriendo más cosas: ahora ya conozco las parcelas, las variedades y a los paisanos, cada vez me siento más cómodo aquí”.

¿Cómo describirías esta zona a alguien que no lo conoce?

“Estamos en medio de una sierra poco poblada, rodeados de pueblos muy pequeños, ríos y manantiales, formaciones rocosas y bosques de encinas y sabinas como el Parque Natural de los Sabinares del Arlanza. Es fascinante la diversidad de cultivos que coexisten: cerezos, almendros, cereales o viñedos. A nivel de fauna también hay mucha variedad: lobos, corzos, jabalís, zorros o tejones. Por eso vallamos las parcelas, para protegerlas. Es un paisaje muy idílico, aunque también es duro”.

¿Y desde el punto de vista de la viticultura?

“Es una zona muy abandonada que no se tiene muy en cuenta: parece que está desaparecida a nivel Denominaciones de Origen en España, pero creo que tiene mucho futuro y que es una oportunidad muy grande de llevar a cabo proyectos tan ilusionantes como Viñedos Olvidados de Valtravieso. Se han ido abandonando parcelas por baja productividad y nosotros estamos tratando de recuperarlas. Además, en esta zona estamos a 1.040 metros de altura y con el tema del cambio climático desde el punto de vista de la viticultura se prefieren terrenos a mayor altitud para que los vinos tengan una mayor frescura, ya que aquí por las noches refresca”.

¿Qué novedades ha habido este último año?

“El año pasado plantamos 3.000 metros de garnacha en la zona de El Quemao, intentando salir del tempranillo para volver a las variedades que había aquí antiguamente. También plantamos otra de 7.000 metros: en la mitad hicimos una selección masal de los palos de las cepas que más nos gustan y ahí hay garnachas, bobales, monastrell, mencías… Hicimos una selección en campo, lo mandamos a injertar y plantamos las cepas ya injertadas. La otra mitad es tempranillo porque el Consejo Regulador así lo determina. El pliego de condiciones autoriza muy pocas variedades, por lo que hay un debate interno para permitir aflorar ese patrimonio que nosotros queremos rescatar”.

¿Qué planes de futuro hay en Arlanza por parte de Valtravieso?

“En las parcelas viejas de El Quemao estamos planificando empezar a plantar el pie americano el año que viene. Es decir, en vez de injertar las variedades de forma externa, plantar nosotros el pie americano e injertar en campo, ya que hemos concluido que hay más probabilidades de que agarren bien y de que sobrevivan por la capacidad que tiene la vid americana de enraizar en el suelo”.

¿Qué es la planta americana?

“Hay dos tipos de cepa: la americana, que es resistente a la filoxera, y la vitis vinifera, la de uva de vinificación. Si plantas la segunda, corres el riesgo de que si hay filoxera en el campo, no sobreviva el viñedo. Por eso el siglo pasado la filoxera arrasó con todos los viñedos porque estaba en pie franco, no en pie americano”.

¿Qué previsión hay en cuanto a la vendimia en Arlanza este año?

“El año pasado fue a finales de septiembre, pero este año dependerá de cómo vengan las temperaturas del verano, ya que vamos bastante más retrasados, quizá tres semanas o un mes con respecto al año pasado. La tónica general estos últimos años es de inestabilidad. El año pasado, por ejemplo, perdimos el 80% de la uva por una granizada en junio”. 

¿Cómo están evolucionando los vinos de Viñedos Olvidados que surgen aquí, en Arlanza?

Muniadona, blanco fermentado en barrica, sigue siendo un vino muy complejo de elaborar, ya que se seleccionan y cosechan a mano uvas blancas de cada parcela. La principal variedad es albillo, pero también hay palomino, pirules, malvasía riojana, doña blanca o temprana. El tinto de villa Las Mamblas, por su parte, está cambiando el perfil a uno más fresco, ya que estamos haciendo vinificaciones controlando los grados alcohólicos, buscando menos alcohol porque queremos que sea un vino más ligero. En cuanto al tinto de parcela Cerro Cerezo, la añada de 2023, va a ser una muy buena, ya que desde 2022 empezamos a meter algo de racimo entero, con menos extracción y estamos teniendo más variedad de vinificaciones diferentes, puesto que elaboramos todo por separado, parcela por parcela. Cerro Cerezo siempre va a ser un vino más largo, estructurado y complejo”.